«Arquitectura blanda y peluda»

“…Cuando tenía veintiún años, fui un día a comer a casa de mi amigo Roussy de Sales en compañía del arquitecto masoquista y protestante Le Corbusier, que, como todo el mundo sabe, es el inventor de la arquitectura de autopunición. Le Corbusier me preguntó si tenía ideas sobre el futuro de su arte. Y sí, las tenía. Por otra parte yo tengo ideas para todo. Le contesté que la arquitectura sería “blanda y peluda” y afirmé categóricamente que el último gran genio de la arquitectura se llamaba Gaudí, cuyo nombre, en catalán, significa “gozar”, así como Dalí quiere decir “deseo”. Le expliqué que el goce y el deseo son propios del catolicismo y del gótico mediterráneo, reinventados y llevados al paroxismo por Gaudí. Mientras me escuchaba, Le Corbusier parecía tragar sapos y culebras…” Salvador Dalí

En un solo texto encontramos a tres admirados personajes en la historia. Como arquitecto que soy es imposible no apreciar el aporte que hizo Le Corbusier en la historia al atreverse a usar el concreto en edificaciones, moldearlas como quien moldea una pieza utilitaria, jugar con la luz, la ubicación y hacer el trabajo que todo arquitecto debe lograr, dar cobijo con sentido y belleza.

Pero Gaudí y Dalí son otra cosa, son la genialidad pura, el desparpajo, el exceso de confianza , la explosión de color, lo ecléctico sobre la monotonía, lo impensable siempre sobre lo posible.

Le Corbusier y Dalí, claro que se tenían idea, que no se comprendían, tenían agendas opuestas y gracias a eso hoy disfrutamos de la diversidad de sus inteligencias y creaciones.

Hoy día al ver el tejido que se comienza a formar sobre la nueva concepción de los campamentos con glamour me pregunto si eso de “arquitectura blanda y peluda” no fue premonitorio.

Me encanta husmear en Instagram la gran cantidad de campamentos que se proponen en el mundo entero, pero además aquí en Colombia es increíble las soluciones que les dan.

La selva peluda, con su exuberante vegetación húmeda y el ingenio de los proponentes creando espacios para palear la humedad y sentir que estas en el cielo.

El llano con sus vistas de peludos animales que nos alegran la vista al constatar que compartimos ese espacio natural más no el privado creado para nuestro uso y disfrute y la máxima exposición de los campamentos en una llanura que nos invita a gritar, a deshacernos del estrés y ser parte del cosmos.

La montaña alta, con temperaturas bajas y entorno abigarrado por los árboles, la neblina, los ríos y los paseos a caballo o a pie, que nos permiten hacer conexión con lo que somos, creación pura de Dios.

Las peludas palmeras frente al mar abierto en toda la costa colombiana con los glampings tipo tiendas combinadas con kioskos hechos de materiales de la zona, el pescado frito, la brisa marina y por las noches fogata, luces, baile.

Y qué decir de la blanda arquitectura, será que existe? Yo digo que sí, porque donde hay cobijo con intención hay arquitectura. Indudable que si esa intención no es bien canalizada y lo que termina siendo no tiene proporciones, armonía y atmosfera, pasa a ser solo un esfuerzo más que se quedó en construcción, en buen intento nada más.

Al leer ese texto, creo que Dali, tenía razón, la arquitectura sería con el tiempo blanda y peluda.

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